“Educación Artística en una época de cambios y globalización”

El Pensamiento Global:

Es indudable que nuestra época se está caracterizando por fenómenos que no entraban en nuestros planes anteriormente, uno de ellos es la llamada globalización o mundialización, sinónimo de internacionalización e incluso de desterritorialización e indeterminación conceptual es el producto estrella de la gran expansión del neocapitalismo liberal y utilizada para justificar la generación de mercados financieros multinacionales a nivel planetario que especulan y manejan nuestras vidas. Las prácticas sociales: producción, cultura, lenguaje, mercado laboral, educación, etc. definidas, hasta el momento, como productos nacionales se ven sacudidos por la complejidad y multiplicidad de los espacios sociales transnacionales de la era globalizada. Otros fenómenos de la actualidad son los profundos y rápidos cambios que junto a la globalización parecen ser las características esenciales de estos últimos tiempos, y, posiblemente destacando entre ellos, la velocidad en las relaciones interpersonales. Las formas artísticas participan e incluyen esa velocidad como una de sus características integradoras y de peculiar idiosincrasia. Hoy cualquier cosa se realiza en el supuesto de que no durará excesivo tiempo, el que necesite su consumidor o usuario, siquiera la arquitectura se pretende hoy que tenga una duración más allá de dos generaciones y en nuestra movilidad incluimos planes que pueden implicar el llegar hasta cualquier rincón del planeta. Para interactuar o colaborar con otros no es necesario el desplazamiento. Es más, este se puede realizar de modo virtual. Lo que hace años exigía unos preparativos durante días y una puesta en práctica de mayor complejidad en la actualidad se puede realizar en el momento presente, incluso en nuestros planes más complejos y con personajes remotos podemos participar en tiempo real. Empujados por la globalización entramos en la era del presente continuo. Las nuevas tecnologías han provocado una contracción del espacio y una aceleración del tiempo. Todo está más cerca y el principio cultural que rige bajo el signo de la competitividad es la insaciabilidad como modo de estar en el mundo, porque moralmente todo es posible y consumible. La dignidad del ciudadano, los sentimientos y las pasiones son mercancías susceptibles de ser producidas y vendidas. En este mundo sin futuro impera el principio del rendimiento rápido. No hay proyecto, solo resultado. Los conceptos sobre los que sustentamos toda concepción toda idea y obra, espacio y tiempo, han transmutado sus valores y el modo en que situamos y consideramos todas las cosas (Kubler, 1988). Cuando pensamos globalmente, enviamos o recibimos información desde cualquier lugar contenemos el conjunto de las realizaciones y saberes humanos en nuestras mentes y computadoras, formamos parte del pensamiento mundial, en una actividad del mismo tipo. La globalización es una de las condiciones psicológicas de la cibercultura, en tanto que marco de referencia y forma de expansión de la mente (Kerckhove, 1999). Los cambios ya no proceden de los intereses generacionales. Incluso los problemas de adaptación a las necesidades llegan a ser los mismos para las distintas generaciones que conviven actualmente. Nos acostumbramos a tratar las cosas en situación de presente, de tal forma que nos parece imposible entenderlas de otro modo o que no hayan podido ocurrir o existir de otra manera. Resulta tan cotidiano y habitual hablar de Velázquez, como citar prácticamente en el mismo renglón a Damien Hirst, sin prejuicios, como si ambos fueran colegas y tuvieran parecidos problemas artísticos, o participaran de cuestiones cotidianas similares. Sin considerar que nunca tuvieron la oportunidad de conocerse personalmente, que han tenido o les mueven distintos estímulos y preocupaciones, que les separan tres siglos y que no solo les distancia un contexto social e histórico diferente, sino culturas y, por tanto, sus planteamientos estéticos ni siquiera podrían soñar con parecerse.

La Imagen Global:

Por otro lado, nuestro mundo ha dado mayor importancia a los sistemas de información, comunicación y relación personal, de tal modo que podemos afirmar sin reservas que nuestra cultura se sustenta sobre una creencia: la superioridad y poder de la palabra, especialmente de la escrita, llegando a poder hablar de una “literolatría” o culto al libro y la letra (Machado, 2000). Pero el mundo posmoderno actual parece caracterizarse por una nueva iconoclasia en la que la imagen ha venido a suplantar a la letra como instrumento principal para la difusión de los mensajes, como “un enorme simulacro fotográfico” (Jameson, 1998). Y aunque podemos asegurar que las imágenes todavía no terminan de desplazar a la palabra, especialmente en cuanto a uso cualitativo, se puede afirmar que están presentes en todos los lugares, invaden su pregnancia ideológica, apartan a la civilización de la escritura, erradican el gusto por la literatura, anunciando un nuevo analfabetismo y la muerte de la palabra (Machado, 2000). O como dice Baudrillard (1985) la actual hegemonía de los medios está produciendo una “desrealización fatal” del mundo humano y su sustitución por una “metarrealidad” interesada, una ficción de la realidad alucinatoria y alienante. Es evidente que hoy se producen más imágenes que escritos, el capitalismo decimonónico producía y acumulaba mercancías como riquezas y el actual produce y acumula imágenes. La imagen se utiliza para todo, no solo invade los recursos de comunicación y relación, sino que forma parte del “pan y del circo” más selecto que los nuevos emperadores capitalistas ofrecen a la masa para su diversión, control y alienación en versión individual y/o grupal. En este contexto de conflictos multiculturales de la globalización, muchos grupos y movimientos sociales han resurgido enfrentando la “localización” o fragmentación como procesos antagónicos a lo monolítico y universalista. Lo local se sitúa frente a la imposición de lo global. Se reivindica o recuperan culturas buscando reconocimiento muchas identidades que se perdieron o fueron marginadas. Se reclaman derechos identitarios de grupos socialmente diferenciados de carácter etnocultural, ecológicos o de protección del medio ambiente junto a demandas de viejos derechos sociales, económicos, culturales, educación, etc. que son nuevamente olvidados por la tendencia neoliberal de la globalización. Estas tensiones agravan las ya extendidas desigualdades sociales, económicas y culturales tienen un claro impacto en los vínculos y relaciones sociales, políticas y jurídicas de individuos, comunidades, instituciones y nacionalidades hasta el punto de preguntarnos si sería posible, jurídica y políticamente, una homogeneización diferenciada e intercultural desde la supuesta revisión homogeneizadora y universalista de la posición globalizadora. Sería interesante, en este punto, preguntarnos si ¿tiene algún valor la diferencia y la identidad y qué relación guardan con el principio globalizador de igualdad? ¿cómo es esa relación? ¿Cuál sería el camino de respeto e igualdad entre los grupos sociales diferenciados? ¿Cómo se construye el sentido común y los puntos de unión y cohesión entre las minorías diferenciadas en un mismo contexto geopolítico y cultural? Y finalmente ¿Cuáles serían las representaciones que se derivan del reconocimiento y de la igualdad globalizadora cuando la globalización claramente tiende a uniformar y homogeneizar la diversidad cultural e identitaria? Es importante insistir en las dificultades que los ajenos a otras realidades tenemos para comprender las pocas posibilidades que un mundo lleno de fronteras, intensas, tanto físicas como geográficas y con profundas desigualdades de todo tipo entre países con distinto grado de desarrollo, tiene no solo para mantener relaciones de producción y servicios, tanto internos como internacionales, así como de vínculos culturales. Es muy posible que en la actualidad un mercado auténticamente liberado desde el punto de vista de la producción y el comercio acentuaría los actuales desequilibrios e injusticias. Baste pensar que el proceso integrador europeo está costando cerca de un siglo, que se ha realizado sobre la base económica más estable del planeta, con la tutela de países económica y socialmente sólidos como Alemania o Francia y que, no obstante, han eludido premeditada y frontalmente los problemas culturales y sociales en su unión. Sin embargo hay que pensar que los imaginarios sociales, los modos de vida y el pensamiento individual y de los grupos aún evolucionando a velocidades diferentes a la economía y la tecnología también se ven afectados por las estructuras globales de comunicación, poder y mercado y especialmente por las iniciativas globalizadoras de las metrópolis colonizadoras originales con las que se mantienen todo tipo de relaciones y tutelajes. Porque los imaginarios sociales estructuran la memoria histórica, la experiencia social, construyen la realidad, permitiendo sostener los sistemas de racionalización ideológica de las sociedades. La internacionalización o la globalización desafía la aproximación a representaciones, imaginarios y prácticas sociales cuando nos situamos frente a ciertas problemáticas que destacan la constitución social, cultural e histórica de la realidad. No se trata de detenernos en nostalgias de un mundo pasado e idealizado sino de reconocerlo, pensarlo e intentar comprenderlo, ofrecer las claves para comprender nuestra vida cotidiana, nuestras relaciones, los actores, fuerzas, movimientos y afectos que habitan lo social y lo cultural, la necesidad territorial y las peculiaridades de las culturas locales.

 Cultura Visual:

Permítanme alguna definición de la Educación Artística que ha venido en denominarse Cultura Visual aún a riesgo de ser reduccionista en exceso. Siguiendo a Fernando Hernández (2000), que a su vez sigue a Kincheloe, (1993), la Cultura Visual como alternativa educativa pretende ayudar a nuestros alumnos a comprender la realidad a través de un proceso de explicación del mundo social y simbólico con la pretensión de facilitarles la construcción de un ámbito de representaciones que permita, a su vez, la interpretación de los fenómenos con los que interactúan. El instrumento que asiste esa comprensión sobre imágenes y palabras es el lenguaje (Parsons, 1988) y facilita la interpretación de sus significados. Así, la educación artística de nuestra época debe ir dirigida a que las personas sean capaces de afrontar con mayores posibilidades y garantías las evoluciones, cambios y progresos humanos a la vez que se facilita la comprensión de su realidad. De este modo pues se rechaza una educación artística basada únicamente en enfoques expresivos, productivos e instrumentales. Esta educación artística parte de una idea de arte amplia y general, inscrita en contenidos de cultura y, sobretodo, fundamentada en una valoración sobre el proceso que da lugar al hecho artístico. En otras palabras, del mismo modo que podemos afirmar, desde posiciones tradicionales, que una persona está educada artísticamente cuando es capaz de expresar cualquier idea o pensamiento por medio de un procedimiento plástico, o utilizando cualquier instrumento, como un simple lápiz. En nuestra época, en la educación artística que reafirmamos, sería la persona capaz de comprender los fenómenos culturales (y especialmente los artísticos) que ocurrieron o suceden en su cultura y, por extensión y aplicación, es capaz de afrontar la comprensión de otros fenómenos que suceden en el ámbito de esa cultura y también los de otras culturas en relación a sí mismo. Así pues lo esencial de esta educación en Cultura Visual es la integración social en la comunidad a partir de la cultura e identidad propia, superando las iniciativas globalizadoras a partir de la memoria histórica, la experiencia social, construyendo la realidad en la diversidad, permitiendo sostener los sistemas de racionalización ideológica de las sociedades como único fenómeno de interrelación. Los aspectos expresivos y de producción, sin relegarlos, no deben superar a los meramente comprensivos. En definitiva, necesitamos una educación artística que entienda el arte como parte del conocimiento humano, esto significa que posea una estructura propia inscrita en una más amplia del conocimiento general a la que no se opone, ni confronta sino que la complementa y sin esa estructura no encuentra significación. Y, finalmente, para que dicha educación sea significativa deberemos proceder a su planificación a partir del interés y conocimiento de los estudiantes y desde estos organizar su estructura, su conciencia epistemológica. Sin embargo no creo que sea conveniente que prestar atención a la comprensión de la cultura visual suponga considerar todas las imágenes tal y como se nos propone (Hernández, 2000). Valorar una construcción cambiante en el espacio y el tiempo como es la cultura no exige una dependencia exclusiva de los cambios, las modas ni de los aspectos más marginales de la cultura. Es evidente que el arte y los componentes de la cultura, visual o no, contribuyen a que los humanos construyamos nuestras conciencias individuales y sociales, nuestras relaciones representativas en ese mundo que constituye nuestro mundo y los modos de verlo y de interactuar con el. Es indudable que en la Educación Artística, y aún más en la de hoy, es necesario comprender, interpretar y valorar crítica y relacionalmente imágenes, obras de arte y productos de la expresión artística de distintas épocas y culturas, el problema reside en cómo hacerlo, en detectar cuales son las destrezas que nos llevan a esa comprensión e interpretación de los símbolos y significados, para poder ir más allá del mundo y poder comprenderlo e interactuar con el.

Referencias:

Baudrillard, Jean (1985): Simulacres et Simulation, Paris: Galilée. Hernández, Fernando (2000): Educación y Cultura Visual, Barcelona: Ediciones Octaedro. Jameson, Frederik y Zizek, Slavoj (1998): Estudios Culturales. Reflexiones sobreel Multiculturalismo, Barcelona: Editorial Paidos. Kerckhove, Derrick de (1999): La Piel de la Cultura. Investigando la Nueva Realidad Electrónica, Barcelona: Gedisa. Kincheloe, Joe (1993): Hacia una Revisión Crítica del Pensamiento Docente, Barcelona: Ediciones Octaedro. (2001) Kubler, George (1988): La Configuración del Tiempo, Madrid: Editorial Nancea. Machado, Arlindo (2000): El Paisaje Mediático. Sobre el Desafío de las Poéticas Tecnológicas, Buenos Aires: Libros del Rojas-Universidad de Buenos Aires. Morin, Edgar y Naï, Sami (1997): Une Politique de Civilisation, Paris: Ed. Arléa. Parsons, Michael (1988): Cómo Entendemos el Arte: Una Perspectiva Cognitivo-Evolutiva de la Experiencia Estética, Barcelona: Editorial Paidos. (2001)